Una persona alérgica al queso deja de comer queso. Una persona con adicción continúa bebiendo, fumando, esnifando o jugando a pesar de los problemas que esto le provoca.

Es la paradoja de la adicción: consumir se convierte en una necesidad física y mental y, al mismo tiempo, en una fuente inagotable de frustración y dolor.

La adicción es una enfermedad, así catalogada por la OMS. Y no perjudica solo a personas en situación de exclusión. Cualquier familia estructurada y aparentemente “feliz” puede verse afectada.

Entre el 5% y el 10% de la población nace, de hecho, con predisposición a desarrollar adicción. Los factores genético y biológico (la falta de dopamina en el cerebro, por ejemplo, que altera el equilibrio del mecanismo de placer/recompensa) son preponderantes.

Insatisfacción creciente

La frase “una es demasiado y mil no son suficientes” explica bien esta anomalía: la persona adicta cuando consume no es capaz de parar y la insatisfacción es mayor cuanto más consume.

La enfermedad de adicción es una y sus manifestaciones son múltiples. Lo importante es “atacar” la enfermedad con independencia de la sustancia o la conducta a la que el paciente esté enganchado.

Un alcohólico y un ludópata sufren la misma enfermedad. A lo que se engancha la persona adicta es a la sensación -el colocón- que producen las drogas o conductas como el juego, el sexo o las compras compulsivas.

La adicción va más allá del simple consumo. Se trata de una enfermedad que anula la voluntad. Las áreas del cerebro que rigen el control de impulsos se ven afectadas. La adicción impide, además, una correcta gestión de las emociones y los sentimientos.

Trato familiar y rigor profesional

Para ofrecer ayuda profesional a las personas adictas y a sus familias nació en Bilbao CREA, iniciales de Centro para la Rehabilitación de la Enfermedad de Adicción.

Jon Mardaras, que vivió en primera persona la enfermedad y logró recuperarse con el mismo método que hoy pone en práctica, es el director terapéutico de este centro sanitario privado ubicado en el centro de la capital vizcaína, que combina el trato familiar con el rigor profesional.

Las terapias de grupo son la base del tratamiento, a las que se suman las consultas individuales de psiquiatría y psicología, el centro de día y la opción de ingreso en los centros de desintoxicación más prestigiosos de España, con los que CREA colabora.

Es vital pedir ayuda a tiempo. Sin embargo, cuesta dar el paso. A la familia, por falta de información y vergüenza (la adicción sigue siendo viéndose como un vicio y no como una enfermedad). Y al paciente, porque niega su problema. El autoengaño es uno de los síntomas.

Ninguna persona que haya desarrollado adicción puede recuperarse sola. La ayuda profesional es imprescindible. Informarse de la enfermedad y del tratamiento a través de un centro especializado como CREA es el principio de la solución.