La adicción es una enfermedad con todas las letras. ¿Cómo no iba a ser así el hecho de seguir haciendo algo a pesar del daño que provoca?

Sí, la adicción es una enfermedad. Y, como tal, tiene tratamiento. Esta es la buena noticia. Aunque la persona adicta lo sea el resto de su vida y tenga que abstenerse de jugar o consumir siempre, la rehabilitación plena es una realidad para los pacientes que cumplen las pautas y se implican a fondo en el tratamiento.

Uso, abuso, dependencia

Uso, abuso y dependencia son las fases. En las dos primeras, todavía hay voluntad. Cuando se llega a la tercera, la voluntad queda anulada. Cuando una persona adicta consume o juega, sufre cambios neuronales que hacen que el deseo de volver a consumir sea irrefrenable.

La persona adicta tiene afectadas las áreas del cerebro que regulan el control de impulsos y la toma de decisiones. El adicto tiene averiado el mecanismo de placer-recompensa. Para la persona adicta, siempre es demasiado y nunca es suficiente.

Tapar el malestar

El enganche además no es a una sustancia o comportamiento exclusivamente. El adicto a lo que se agarra es a la sensación de placer inicial que provocan las drogas y las apuestas en el cerebro. El adicto sigue consumiendo o jugando para rescatar esa sensación placentera de las primeras veces. Pero la realidad es que el adicto, cuando ha llegado a la fase de dependencia, consume para tapar el malestar. Por pura necesidad.

Es una pescadilla que se muerde la cola. El síndrome de abstinencia es un deseo de consumo no satisfecho. Esto provoca malestar. Ese malestar se quiere tapar con más consumo. Y ese consumo provoca un malestar aún mayor. Y para tapar ese nuevo malestar se vuelve a consumir. El cuento de nunca acabar.

El tratamiento adecuado

Sin embargo, es perfectamente posible recuperarse de la enfermedad de adicción con el tratamiento adecuado. Mediante un abordaje multidisciplinar que incluye la supervisión médica, el acompañamiento psicológico y las terapias de grupo.

La rehabilitación de una persona adicta es lo contrario a vivir con limitaciones. La persona en recuperación, cuando ya ha pasado el tiempo suficiente, los síndromes de abstinencia se reducen a la mínima expresión y se empieza a saborear las ventajas de vivir sin drogas y sin juego pasa de no poder consumir a no querer hacerlo.

Las fases del tratamiento son tres: desintoxicación, deshabituación y reinserción. Esta última se produce cuando el paciente está en condiciones de abordar la vida familiar, laboral y social con garantías de mantenerse abstemio. La rehabilitación de la persona adicta implica un cambio personal radical, en la forma de pensar, sentir y actuar.

El cambio implica adquirir conciencia absoluta de que se es enfermo adicto y actuar en consecuencia. Siendo honesto, humilde y legal.