De mi pasado de consumo, tengo muchas ‘fotos’ que son ejemplo de tocar fondo. Antes del tratamiento, cuando consumía, da igual que fuera de día o de noche, terminaba siempre mal.

Tocar fondo significa, por ejemplo, que vayas al cajero a sacar dinero, te deniegue la operación por haber superado el límite y te quedes en el sitio largo tiempo esperando a que den las 00:00 horas del nuevo día y se reinicie el sistema para sacar más billetes y poder seguir consumiendo.

Eso me ha ocurrido a mí. Estar solo, en una ciudad grande que no conocía, esperando a que dieran las doce de la noche para sacar más dinero de una cuenta que ya estaba al descubierto, en números rojos.

Es indescriptible lo que uno siente en ese momento. Sobre todo, te sientes solo. Desamparado. Avergonzado. Herido. Insignificante. Indigno. Loco. Te sientes rematadamente mal. Con los nervios disparados. Mirando el reloj y tratando, en vano, de que el tiempo corra más deprisa para conseguir cuanto antes el dinero que necesitas.

Piel de gallina

Todas estas sensaciones, que si las rememoro me ponen aún la piel de gallina, son, por suerte, pasado. El 28 de noviembre de 2014 comencé el tratamiento. Se cumplen ahora nueve años del inicio de mi recuperación. En esa fecha ingresé en una clínica de Barcelona para mi desintoxicación. Después de unos meses, regresé a Bilbao para continuar mi tratamiento en CREA.

Hasta hoy, que sigo yendo a terapia por lo menos una vez al mes. Para ayudar -con humildad, por supuesto- a quienes en el grupo comienzan su camino, para prevenir recaídas y para recordarme a mí mismo mi condición de adicto y reafirmarme en que no quiero volver nunca a sentir eso que sentí aquella noche esperando a que el cajero me diera dinero.

La adicción es una enfermedad que puede desarrollar cualquier persona con cierta predisposición biológica. Esto es importante tenerlo en cuenta. Igual que la diabetes o las alergias.

Según las estadísticas médicas, la padecen el 10% la población. Como el resto de las enfermedades, la adicción no distingue de sexo, edad, nivel educativo ni condición social. Cualquier familia de nuestro entorno puede sufrirla.

Ayuda profesional

Yo tenía todo a favor: una familia estructurada, estudios, trabajo, un buen sueldo… pero estaba en ese porcentaje de personas que generan dependencia. Por suerte, mi familia y mis amigos intercedieron y buscaron ayuda profesional. De primeras, yo me opuse a ir a terapia, hasta que la situación se desbordó y no me quedó más remedio que obedecer.

Han pasado nueve años desde mi ingreso y el cambio ha sido espectacular. Hoy, sin consumir nada y alejado por completo de las drogas, llevo una vida sencilla y normal. Con alegrías y penas, como todos. Pero con la cabeza en su sitio. Siendo consciente de que la adicción me puso en un punto casi de no retorno. Sabiendo que he salvado un punto de partido. Gracias a mi esfuerzo y a la ayuda profesional de CREA he vuelto a la ansiada normalidad y he recuperado mi vida.